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Importancia de los contextos en la música popular escolar

Miguel Ángel Sánchez del Rio
Psicopedadogo y maestro Especialista en
Educación Musical y audición y lenguaje
Intentemos visualizar por un momento la siguiente escena:
En una calle cualquiera, de un barrio pequeño, de cualquier ciudad europea, el día d, a la hora h, del año 2009, un carro de madera tirado por bueyes avanza despacio. Su carga está compuesta por varios cuerpos humanos envueltos en lienzos. Al llegar a un agujero practicado en el suelo, el carro se para y un par de hombres comienzan a arrojar los cuerpos para cubrirlos, a continuación, con cal viva, y luego rellenar el hueco con tierra.
Toda la gente que estuviese viendo esta escena en ese lugar, reaccionaría gritando, llamando a la policía, increpando a los hombre del carro, o de muchas otras maneras. Un escándalo. Sería inconcebible que en esta sociedad ocurriese tal cosa. Pero, en este momento, pido al lector que vuelva a leer el párrafo anterior y visualice la misma escena, pero con un cambio: donde dice 2009, substitúyase por 1309. Además de cambiar el decorado de la escena, el hecho de modificar la fecha, también provoca una substancial variación en la reacción de los espectadores.
Evidentemente, no es lo mismo que un carro cargado de difuntos, circule por una de nuestras avenidas en la sociedad de la información y de los derechos humanos en el siglo XXI, a que lo haga por un camino en la sociedad del XIV inmersa en las epidemias de peste negra.
Aunque la situación sea la misma en las dos fechas dadas, el contexto varía de tal manera, que en un caso nos parece un disparate y en el otro podría ser considerado incluso rutinario. El contexto es lo que da plenitud de significado a la situación. Salvando las distancias, con la música popular en las escuelas pasa algo parecido. Con estos términos (música popular en las escuelas), me refiero al catálogo de obras instrumentales o vocales, que perteneciendo al folclore y la tradición de un pueblo, se utilizan en la enseñanza con determinadas finalidades didácticas. Por tanto, sus contextos, serán las situaciones en las que eran empleadas estas piezas, pero, en un significado más amplio, al contexto pertenecen también los protocolos, los instrumentos, las intenciones, el orden o el tiempo en que se empleaban.
A partir de este punto, planteo varios interrogantes para la reflexión de los docentes. ¿Podemos descontextualizar esta música para lograr objetivos didácticos? ¿Hasta qué punto podemos dejar que se pierdan los contextos de la música popular? ¿Tiene más valor el punto de vista didáctico o el etnográfico? La música popular ¿debe ser objetivo o herramienta?, ¿usarse con fines pedagógicos o como finalidad?
Desde luego, no estoy diciendo que la descontextualización deba prohibirse, ni nada que se le parezca. Claro que se puede hacer y en ocasiones es recomendable. Pero, el hacerlo por sistema, provoca la pérdida total o parcial de referentes históricos, etnográficos y sociales que la pieza.
Para clarificar más esta idea plantearé tres supuestos empleando el mismo canto, uno descontextualizado y los otros dos con toda su “liturgia”.
En el primer caso, podemos poner a un grupo de niños a cantar en el festival de Navidad (que tanto nos gusta a los docentes de música) la típica panxoliña “A Belén camina”. Salen al escenario, se colocan, buena afinación, buen ritmo. Un éxito. Nada que objetar. Si el profe ha sido avispado, además de enseñarles el canto para lucirse en el festival, habrá aprovechado para explicarles un determinado tipo de escala, unos determinados intervalos, o simplemente un ritmo binario.
En el segundo caso, el mismo grupo de niños, va a cantar la misma panxoliña en el festival. Salen al escenario, que recrea una aldea típica. Un narrador puede indicar que los chavales acaban de salir de la Misa del Gallo, y que por tanto, el público debe situarse en un 24 de diciembre a eso de la una de la madrugada. Los niños se colocan ante una puerta de una casa del decorado y entonan:
“A la puerta estamos y cantar queremos,
si nos dan licencia escomenzaremos.
Si nos dan licencia queremos cantar”.
Otro compañero sale por una ventana y les dice que si, que canten. Entonces, cantan “A Belén camina” acompañados de panderetas, botellas de anís, cucharas de madera, y otros instrumentos populares. Finalizado el canto, se dirigen de nuevo al de la ventana y le cantan:
“Dean aguinaldo señores por Dios,
por el nacimiento del hijo de Dios,
que Dios se lo de para nos lo dar”.
El de la ventana saca una hogaza de pan y unos chorizos y se los entrega a los cantores. Estos, en agradecimiento le dicen:
“Muchos años viva la dueña de casa,
pa’ dar aguinaldo nunca fue escasa.
Muchos años viva el dueño también.
Todo el mundo dice que es hombre de bien”.
Todos se retiran del escenario, y algunos en el público le dan codazos a su vecino mientras le dicen: “Aquel es mi niño. Además de cantar bien, juega al fútbol y hace el pino.”
En este caso el profe, también ha podido explicarles el tipo de escala, los intervalos o el ritmo binario, pero además, los niños sabrán que sus mayores hacían esto en Nochebuena, sabrán lo que significan expresiones como Misa del Gallo, aguinaldo, y el verdadero significado de la palabra panxoliña.
En un tercer supuesto, podríamos plantear que esta actuación, en lugar de ocurrir en un festival de Navidad, discurriese en las calles de un pueblo o un barrio, previo contacto con los vecinos y con la autorización de los padres. De este modo, además de comprender una Navidad a la antigua usanza, los niños podrían vivirla.
No cabe duda, que la tercera opción es tan ideal como irrealizable. Sin embargo, podemos adaptar ciertas cosas, como la hora y el día, o cambiar pan y chorizos por caramelos y chocolate.
Dejando a un lado la oportunidad o no de descontextualizar la música popular en aras de alcanzar fines didácticos, debemos pensar que nuestro papel como maestros, también nos obliga a dar a conocer a los alumnos la tradición cultural del pueblo en el que están inmersos. Desde el punto de vista de un maestro en educación musical, pienso que la mejor manera de hacerlo es poniendo en valor todo lo que circunda a la música popular y que de vez en cuando, expliquemos de donde viene esa música, para qué la utilizaban, cómo lo hacían,…
En múltiples ocasiones la música popular está creada alrededor de contextos sociales, como el trabajo, la fiesta, las celebraciones o la simple reunión. En esos momentos en que en torno a un canto se unían padres, hijos y abuelos, estaban estableciendo conexiones intergeneracionales que contribuían a la cohesión social del grupo. En la sociedad actual, estos dos valores se están perdiendo. El escritor y político francés André Maltaux (1901-1976) dijo: “la tradición no se hereda, se conquista”. Nosotros podemos contribuir a esa conquista con pequeñas actuaciones que aunque sean puntuales o esporádicas, pueden ser tremendamente enriquecedoras. La contextualización de la música popular, es además un factor de cohesión entre el centro y el entorno, sobre todo a través de las persona mayores del lugar, que conservan en su memoria las costumbres sociales, que en muchos sitios se han ido perdiendo.
Desde este monográfico, quiero animar a todos los compañeros a que investiguen el folclore de la zona en la que trabajan. No tiene porque ser dificultoso. En ocasiones, una pregunta oportuna a una abuela que espera a su nieto en el portalón del colegio, puede dar mucha información.
REFERENCIAS
La pieza aludida (“A Belén camina”) así como los datos sobre cómo era cantada, fueron recogidos en la Nochebuena de 2002 en el barrio compostelano de Mallou. Las fuentes de información fueron Doña Magdalena Seoane Vilar, mujer valiente de gran memoria y refranero inagotable, y su hija Doña María del Carmen. Desde aquí mi homenaje y agradecimiento a ambas.
Las estrofas que se han descrito en este artículo eran cantadas con la siguiente melodía:

La estrofa de agradecimiento, que tiene un verso más, se cantaba repitiendo los últimos tres compases.
Asociación Educativa Cultural Musicrearte